Aunque no he estado por mi mismo, mi mujer sí fue a Escocia el mes pasado para visitar a una amiga suya que vive allí. Tuvieron la oportunidad de hacer un increíble recorrido que las llevó desde los Highlands hasta Edimburgo. En una de las múltiples visitas que hicieron, las llevaron hasta el Cementerio de Greyfriars.

Al volver me explicó la historia que rodea al cementerio, y si os soy honesto, me picó la curiosidad. Llevo días y días leyendo sobre la historia del lugar, recopilando información y al tener sus fotografías de primera mano, me he decidido a hacer una entrada del mismo. Veréis que vale la pena leerla.

Greyfriars posee dos historias que merecen la pena de ser explicadas. Una de ellas hace referencia a la lealtad y la devoción. La otra es oscura… muy oscura.

Empezaremos por la primera, que aunque breve, y en honor a Bobby, no puedo dejar de relatar.

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Según cuenta la historia tradicional Escocesa, Bobby era un Skye Terrier que patrullaba el Cementerio de Greyfriars junto a su dueño John Gray hasta 1858.

John Gray era policía local en la ciudad de Edimburgo. John y Bobby fueron inseparables durante dos años. El era patrullero nocturno y su fiel acompañante nunca le desamparaba en sus labores. Por desgracia, John Gray falleció en 1858 a causa de una tuberculosis que no pudo superar.

John Gray fue enterrado en el Cementerio de Greyfriars al lado del Greyfriars Kirk (la iglesia del cementerio). Según cuenta la historia, su compañero de batallas Bobby permaneció al lado de la tumba de su amo durante los 14 años que aún le quedaban por vivir.

La historia de Bobby, antes de su muerte, corrió como la espuma. La gente se acercaba a visitar al Skye Terrier para traerle comida o lo que necesitase. Pero en 1867, debido a que el número de perros vagabundos aumentó enormemente en Edimburgo, se aprobó una ley para registrar a todos perros con dueño, para así, poder eliminar a todos los animales que no estuviesen registrados. Ante tal ley, Sir William Chambers (Arquitecto de la Corona y Lord de Edimburgo), pagó la licencia de Bobby. De esta manera Bobby tenía su propio collar identificativo y una licencia, con lo que ya no era considerado un perro vagabundo y quedaba exento de ser sacrificado.

Bobby falleció en 1872. Fue enterrado en la puerta de Greyfriars Kirkyard, ya que, según la ley, al ser tierra sagrada, no podía ser enterrado dentro. Actualmente se puede ver un adoquín en vertical justo en el sitio donde Bobby fue enterrado.

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Pese a todo, en Mayo de 1981, fue erigida una lápida en el interior del Cementerio, se dice que en el mismo sitio donde fue hallado muerto. Es normal encontrar palos en frente de la misma ya que las personas que allí se acercan, los dejan “para que Bobby los busque”, también le dejan flores y juguetes para perros para que se divierta y juegue.

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Sin duda alguna, una historia preciosa… tanto como la inscripción que se puso en la lápida de Bobby…

Greyfriars Bobby

Died 14th January 1872

Let His Loyalty & Devotion Be a Lesson to Us All

 

Pero Greyfriars, a parte de famoso por la preciosa historia de John Gray y Bobby, también es cierto que lo es por otra historia radicalmente opuesta. Allí yace enterrado un hombre que tanto en vida como en muerte, se caracterizó por causar terror.

Es la historia y los casos paranormales de George Mackenzie of Rosenhaugh… o más conocido como el “Sanguinario Mackenzie”.

Kneller, Godfrey, 1646-1723; Sir George Mackenzie of Rosehaugh (1636-1691), King's Advocate

Sir George Mackenzie fue Abogado Real desde 1677 y como tal, encarceló, torturó y ejecutó a 1200 Covenanters Presbiterianos con una crueldad extrema y en nombre de Carlos II de Inglaterra. Para llegar a esto, hagamos un resumen de la historia de los Covenanters.

Cuando Carlos I de Inglaterra llegó al poder, una de las decisiones que tomó fue cambiar los libros religiosos. El hombre se creía con tal poder que, las oraciones de los libros de misa, fueron cambiados para que se le rezara a él en vez de a Dios.

En 1637, los Presbiterianos escoceses firmaron un “Pacto Nacional con Dios” y emprendieron una “cruzada religiosa” contra el Rey, llevando a posterioridad a la Guerra Civil contra Inglaterra. Carlos I cayó.

Pero 50 años después, los Covenanters ya no estaban tan unidos contra el Sur, y el ejército de Carlos II los aplastó en la batalla de Bothwell Brig.

George Mackenzie, como Abogado Real, emprendió su propia cruzada contra los Covenanters. Una parte del Cementerio de Greyfriars se habilitó como prisión. Mackenzie se dedicó a buscar a los firmantes del Pacto Nacional con Dios y los encarceló en el Greyfriars.

El maltrato que recibieron fue horrible. Apenas con ropas encima, recibían un mendrugo de pan y una pequeña jarra de agua para pasar el día. La cárcel no tenía techo, con lo que el frío de la zona caía sobre los reos sin piedad. Fueron torturados, muchos murieron a causa de las condiciones en las que se encontraban. Cuando Mackenzie tenía que ejecutar a alguien, lo arrastraban fuera del Cementerio y justo al lado del mismo muro, lo mataban. Se ejecutaba de inmediato a cualquier persona (hombre o mujer) que se quejara de las condiciones en las que estaban, incluso se habían ejecutado a personas por el mero hecho de estornudar o toser.

No podía permitir que ninguno de los Covenanters muriese en Tierra Sagrada.

Posteriormente, el cuerpo del ejecutado era arrastrado hasta el interior del Cementerio de nuevo, y echado en una fosa común, por supuesto, sin ningún tipo de ceremonial.

Su crueldad con los Covenanters Presbiterianos fue tal, que ya en 1681 hay un testimonio en lel cual se le califica como “Bloody Mackenzie” (El Sanguinario Mackenzie). Él fue el responsable directo de la tortura, muerte (o ejecución) de 1200 Covenanters.

En total, se calcula que murieron alrededor de 18.000 Covenanters, y en la mayoría de muertes estuvo involucrado George Mackenzie de una manera u otra como Abogado Real.

En 1691, Mackenzie falleció. Su mausoleo se hizo a petición de él, en el mismo Cementerio de Greyfriers, ya que según decía, “no quería dar descanso a los Covenanters ni en vida, ni en muerte”

Posteriormente a su muerte, en 1707, el Parlamento Escocés, firmó su adhesión al Parlamento de Inglaterra, dando así nacimiento a Gran Bretaña.

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Parte del mausoleo de Mackenzie (a la derecha) al lado de una de las prisiones.

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Nos trasladamos ahora cientos de años, hasta nuestra época y el motivo por el cual, Mackenzie parece que sigue torturando a la gente.

En 1999, un sin techo se entró en el cementerio de Greyfriers refugiándose de una fría noche de lluvia escocesa. Tuvo la mala suerte que lo hizo en el Mausoleo de Mackenzie. Por lo que he leído, no queda del todo claro si él mismo profanó el ataud o si cayó por la trampilla que hay dentro del mausoleo, pero la cuestión es que el ataud de Mackenzie quedó abierto. El hombre salió gritando del lugar, al cual acudió la policía. Descubrieron que el sin techo estaba lleno de moratones y arañazos por todo el cuerpo. Él mismo explicaría que “algo” le había estado golpeando y haciéndole daño desde que entró dentro del mausoleo. Posteriormente se descubrió que el hombre cayó por unas escaleras que hay en el mismo mausoleo. Y fue gracias a este hecho fortuito, que debajo de donde se encontraba el ataud de Mackenzie, se descubrió una fosa común con una cantidad ingente de huesos humanos.

Parece ser que realmente Mackenzie quería vigilar a los Covenanters tanto en vida como en muerte.

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El Mausoleo de Mackenzie o “Mausoleo Negro” hoy en día.

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A partir de ese momento, los casos de “poltergeist” empezaron a sucederse uno detrás de otro.

El Ayuntamiento de Edimburgo empezó a recibir quejas sobre sucesos inexplicables que de repente empezaron a suceder tanto dentro del mausoleo, como en la zona donde se encontraba la prisión de los Covenanters.

Inicialmente, y ante el renombre que empezaba a recibir Greyfriars, una pequeña empresa solicitó el permiso para hacer visitas guiadas, pensando que el hecho de tratarse de un “Cementerio encantado” podría ayudar. La cuestión es que en poco tiempo, las personas que hacían el recorrido, empezaron a quejarse de moratones, arañazos, desmayos, zonas de frío extremo para luego pasar a un calor extremo… etc. Paralelamente a esto, varios guías, empezaron a sufrir situaciones paranormales en sus casas abandonando el trabajo.

Las quejas siguieron aumentando y finalmente se decidió cerrar al público, tanto la zona de la prisión como el propio Mausoleo de Mackenzie.

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Entrada a la zona de los Covenanters, actualmente cerrada al público.

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La entrada al Mausoleo permanece cerrada con un candado prohibiendo la entrada.

Hay una foto que os voy a poner a continuación. No la hizo mi mujer, pero es para que os hagáis una idea de una parte de lo que encontraron bajo el ataud.

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Por más que he buscado, no he podido encontrar la cantidad de cuerpos que se encontraron, pero lo que queda claro es que es una fosa común.

Las quejas y las historias de gente lastimada se siguieron sucediendo, hasta tal punto que empezó a investigarse. Numerosos entendidos fueron al mausoleo, junto con mediums, los cuales al poco de entrar, debían abandonar el lugar a causa del malestar que sentían cuando estaban dentro.

Creo que el caso más “extraño” fue el de Colin Grant. Fue al mausoleo para realizar un exorcismo, el cual no funcionó. Cuando acabó el oficio, al salir, visiblemente abatido y afectado comentó “No me extrañaría que a causa de lo que he hecho aquí dentro, la presencia que no he conseguido expulsar venga a por mi y me mate”.

Menos de dos meses después, en una convención, Colin Grant tuvo un infarto fulminante.

El cementerio en sí, es el típico cementerio escocés. Las lápidas están pegadas a las casas, ya que la gente ve la muerte de manera MUY distinta allí de como lo hacemos aquí.

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Fijaros que las lápidas están enganchadas a las paredes de las casas. Para ellos, la muerte es la vuelta a la tierra de la que sales y a la que perteneces, con lo que es un motivo de “alegría”. El cementerio, a parte de la historia de Mackenzie es digno de ver.

La zona donde se encuentra el Mausoleo, siempre es motivo de problematica, ya que muchos vecinos que viven justo delante se quejan de voces, ruidos y golpes que vienen de dentro del mausoleo.

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Comentaros que, según la guía que acompañó a mi mujer y su amiga, les comentó que ella misma había vivido un caso de primera mano en el mausoleo de Mackenzie.

Una de las “bromas” que corren por el lugar, es si se tendrá narices de poner el brazo a través de la reja de la puerta del mausoleo. Unas chicas se tomaron esta “broma” al pie de la letra y una de ellas, se atrevió a poner el brazo a través de la ventana de la puerta.

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Según les contó, cuando la chica sacó el brazo tenía varios arañazos en el antebrazo. Cualquiera podría pensar que se lo había hecho con el hierro, pero lo curioso de los arañazos es que no eran verticales (del codo a la muñeca), eran horizontales.

En la actualidad, para poder visitar el mausoleo y la zona de los Covenanters, se tiene que firmar un documento para eximir de responsabilidad de cualquier cosa que pueda suceder, a los responsables del cementerio, guías, empresa… etc. Dicho de otra manera, se puede visitar, pero bajo tu cuenta y riesgo.

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El Cementerio de Greyfriers, como podéis ver, es un caso peculiar. Es uno de los cementerios más investigados del mundo a nivel paranormal. En si mismo, el cementerio es un lugar digno de visitar tal y como veis en las fotografías, pero hay un par de zonas en las que conviene ir con cuidado.

Es de imaginar que tantas muertes terribles, torturas, vejaciones y maltratos dejaron su huella en el lugar. Puede haber gente escéptica, muchas veces yo mismo lo soy, pero cuando se suceden tantos casos seguidos con golpes, magulladuras, arañazos, empujones, voces, susurros, fríos repentinos, desmayos, mareos… etc y SIEMPRE en las mismas zonas del cementerio, algo de verdad debe haber.

Aunque reconozco que, pedir un permiso y poder fotografiar las zonas cerradas al público es una tentación muy, muy grande.

Dani

7 de Octubre de 2017

 

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